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adbayse presenta los resultados del estudio sobre el Inventario del Patrimonio Arquitectónico, Histórico, Cultural y Etnográfico de Gordón

8 de enero de 2010

El Ilustrísimo Ayuntamiento de la Pola de Gordón albergó ayer la presentación del trabajo de investigación de patrimonio etnográfico y tradición oral, documental, fotográfico, militar, arquitectónico, preindustrial, industrial y ferroviario, tres volúmenes de 259, 289 y 209 páginas respectivamente, y un conjunto de discos compactos con abundante documentación histórica y fotográfica, realizados por la empresa leonesa adbayse, y promovido por el Ilmo. Ayto. de La Pola de Gordón, gracias a la financiación del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, y la «Fundación Reserva de la Biosfera Alto Bernesga». La presentación corrió a cargo de Aurelio Rubio, y contó con la presencia de Benedicta Rodríguez, técnico de la «Fundación Reserva de la Biosfera Alto Bernesga»; Francisco Castañón González, Alcalde del Ilmo. Ayto. de La Pola de Gordón; los concejales Rosario Arias Miranda y Secundino Vicente Fernández; y los autores de los textos, Julián Robles, José Cortizo, Pío Cimadevilla, Joaquín Miguel Alonso y Eloy Algorri. También colaboraron en la realización de los trabajos José Ignacio Manrique y José Antonio Balboa, quienes no pudieron acudir al acto de presentación de los mismos.

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De izquierda a derecha distinguimos a José Cortizo, Rosario Arias, Secundino Vicente, Francisco Castañón, Aurelio Rubio, Pío Cimadevilla, experto en Heráldica y documentación histórica del Concejo de Gordón, y Eloy Algorri.

El estudio, fruto de años de trabajo en algunas de sus componentes, como la documental, es una revisión al estado del patrimonio cultural del término municipal de Gordón desde siglos pasados hasta nuestros días, con especial dedicación al periodo de tiempo comprendido entre 1850 y la actualidad.

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De izquierda a derecha distinguimos a José Cortizo, Doctor en Geografía y Julián Robles, Coordinador del Proyecto.

El acto pretendió resaltar la especial importancia que para los ciudadanos representa no solo la difusión de los estudios históricos, sino la necesidad de fomentar y difundir estos estudios desde una óptica multidisciplinar.

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De izquierda a derecha distinguimos a Joaquín Miguel Alonso, Etnógrafo y Benedicta Rodríguez.

Los coordinadores y coautores de la obra, pretenden difundir el conocimiento de los bienes que componen el inventario realizado mediante la elaboración de una guía, y propiciar su reconocimiento como signos de identidad del territorio, como valioso legado profundamente vinculado con el modo de vida de los habitantes de la zona, susceptible de ser aprovechado, de ser explotado desde diversas perspectivas: científica, educativa, turística...

A continuación se recoge, con el objeto de suscitar el interés entre los amantes de nuestra historia más cercana, una muestra, creemos que relevante e interesante, de los contenidos del inventario realizado.

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Eloy Algorri, arquitecto experto en arquitectura tradicional, posa junto a una «casamata» en la mítica cumbre gordonesa del Fontañán.

El proyecto de comunicar León con Gijón surgió a mediados del siglo XIX, si bien no fue hasta finales de siglo cuando culminaron las obras. Empalma con el ferrocarril de Palencia a La Coruña en la ciudad de León, tocando en Santibáñez, La Robla, Pola de Gordón, Villamanín y Busdongo, continuando hacia el límite septentrional: sale de la provincia por el término de Rodiezno, en el túnel de la «Perruca».

Fue construido este ferrocarril, que comprende el mencionado túnel de la «Perruca», de 3.071 m, en la divisoria de las provincias leonesa y asturiana, bajo la dirección de Ingenieros de Caminos como D. Salustiano Regueral, D. Javier Sanz, D. Rogelio Inchaurrandieta, D. Carlos Angulo y D. Luis Martí. La inauguración tuvo lugar el 15 de agosto de 1884, después de dilaciones, suspensiones y no escasas vicisitudes desde que en 1851 se anunció la subasta y en 1864 se concedió el camino.

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Puente sobre el río Bernesga en el km 37,343 de la línea León–Gijón.

El proyecto corrió a cargo del ingeniero Jefe de Vía y Obras de la Compañía del Norte, señor Castellón. Desde su construcción el puente continúa en uso y bien conservado. Consiste en una bóveda de hormigón en masa de 20,10 m de luz con tímpanos aligerados con dos arcos de 2 m de luz. El resto de la fábrica es de mampostería concertada, rejuntada con mortero, y de sillería en las aristas. La imposta e impostillas son también de hormigón.

Los minerales y las rocas marcaban la economía gordonesa. Ejemplares de mármol negro veteado, mármol negro con escasa veta, mármol ceniciento con manchas rojizas y mármol gris suavemente veteado, procedentes de la cantera de Huergas de Gordón fueron expuestos en la Exposición de Minería de Madrid celebrada en el año 1883. Otros ejemplares procedentes de otras canteras del Concejo de Gordón, de mármol céreo de varios colores, mármol ceniciento con manchas rojizas y mármol rojo, fueron también expuestos.

Ya en el siglo pasado sería Ricardo Becerro de Bengoa, entre otros, quien alude en sus escritos a las canteras de mármol y a los hornos de La Pola de Gordón:

En las inmediaciones de La Pola, hay ricas canteras de mármoles rojos, negros puros, negros veteados, céreos, grises, cenicientos y de múltiples tintas, con incrustaciones y fósiles algunos de ellos, que se emplean ya en la construcción, ya en la fabricación de excelente cal, en grandes hornos que han surtido a las obras de la vía y que se lleva a provincias muy distantes. Entre estos mármoles los hay magníficos para pulimento, con fósiles crinoides, al pié de la montaña de San Mateo, calizas metamórficas coralíneas y curiosos fósiles goniatites característicos de la formación devoniana.

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José Antonio Balboa, Historiador especializado en Patrimonio Histórico Industrial y Minero, examinando un Horno de cal en Tras Collada, carretera de Los Barrios.

Molinos, fábricas de harina, fábricas de luz, y fábricas de aserrar son un valioso legado profundamente vinculado con el modo de vida de los habitantes de la zona, siendo la presencia en el paisaje de un lejano oficio –molinero– y de una práctica habitual por imperativo de una economía marcada por la subsistencia. Los establecimientos indicados aparecen históricamente muy vinculados, unas veces funcionaron simultáneamente en edificios adosados y en otras se produjo una alternancia de uso en el mismo edificio o muy cercanos. Las instalaciones de los molinos y harineras fueron aprovechadas en numerosas ocasiones y se convirtieron en fábricas de luz, fábricas de aserrar maderas, etc. Molinos hidráulicos compatibilizaron su actividad específica con la de suministro de fluido eléctrico, montando en ellos pequeñas dinamos, puestas en marcha exclusivamente en las horas de la noche. El riego agrícola de verano, al absorber la disponibilidad de agua, dejaba con frecuencia, a los pueblos así abastecidos, sin suministro.

En el término municipal de La Pola de Gordón se conocieron a lo largo del río un gran número de batanes y molinos, que gracias a la fuerza del río podían funcionar. En el «Nomenclátor Estadístico de la Provincia de León» correspondiente al año 1867, se recoge la presencia de los siguientes ingenios hidráulicos: el Molino Bajero, el Molino Cimero, el Molino de Barrio de la Vega, el Molino de Barroso, el Molino de Cubilla, del Molino de José Martínez, el Molino de la Fragua, el Molino de la Gotera, del Molino de la Presa, el Molino de la Sierra, el Molino de las Praderas, el Molino de la Vega, el Molino del Campar, el Molino del Campillo, el Molino del Ferroncho, el Molino del Gato, el Molino del Menor, el Molino del Pandal, el Molino del Parque, el Molino del Pellejo, el Molino del Pisón, el Molino del Pontón, el Molino del Prado de la Fuente, el Molino del Río de Alcedo, el Molino del sierro, el Molino del Soto, el Molino del Tarabico, el Molino de Mayugar, el Molino de Millar, el Molino de Nocedo, el Molino de Paradilla, el Molino de Prieto, el Molino de Ribajo, el Molino de Robles, el Molino de Sopresa, el Molino Nuevo, el Molino Quemado, el Molino Ramoso, los Molinos de Abajo, los Molinos de Arriba, los Molinos de Galgánes, los Molinos de la Cueva del Monte, los Molinos de la Fuente, los Molinos de la Serna, los Molinos de la Vega, los Molinos del Escóbio, los Molinos de los Huertos, los Molinos de los Pisones, los Molinos del Pisón, los Molinos del Sabugal, los Molinos de Peredilla, los Molinos de Pradomolinos, los Molinos de Remuela, el Pisón de Norrada, el Pisón de Quejo, y los Pisones de los Pisones.

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En Geras, localizamos un inmueble de dos plantas, destinándose la superior a vivienda y la baja a la molienda. Es un molino de rodezno en relativo buen estado. La fábrica pétrea está realizada en mampostería, con texturas cambiantes, en función del propio carácter de las piezas pétreas, donde aparecen ligeramente trabajadas las piezas para permitir un mejor ajuste exterior, aunque existen zonas donde se emplean directamente piezas sin tallar, como cuarcitas en forma de cantos rodados irregulares tomadas con mortero de barro. Las piezas de sillería se incorporan en creación de huecos y esquinas, disponiéndose enrasadas con el resto de la fábrica. La cubierta de teja cerámica curva adopta la forma a dos aguas.

En las lecherías se conservaba la leche hasta el momento oportuno de su venta o de su transformación en manteca. Se situaban en lugares secos, bien aireados y próximas a conductos de agua pura y fresca que facilitaran la pronta limpieza de todas las vasijas y útiles, economizando de este modo tiempo y trabajo. Era esencial que todo lo que estuviera en contacto con la leche se encontrara perfectamente limpio, sin olvidar las manos y brazos de los pastores y obreros que intervenían en las operaciones. En las lecherías que dieron lugar a pequeñas explotaciones donde se obtenía la manteca a pequeña escala, las operaciones que se llevaban a cabo se podían dividir en tres grupos, a saber, descremado o separación de la crema, batido de la misma y lavado de la manteca y eliminación del suero. Los métodos de obtención de la manteca o descremado eran el temperante, y el enfriamiento. En el primero, el desnatado exigía que la leche permaneciera en reposo durante un tiempo determinado en la lechería, cuya temperatura oscilaba entre los 12 y 14 grados, ofreciendo el inconveniente de lo difícil que era sostener una temperatura uniforme en todas las estaciones del año, provocando en consecuencia una variación en la cantidad y calidad de los productos. Los glóbulos de la materia grasa se elevaban poco a poco en el líquido y llegaban a reunirse en la superficie, constituyendo la crema. La crema se formaba con mayor rapidez en el líquido frío, resultando entonces blanca, dulce y acuosa. Si la leche estaba caliente (entre 15 y 18 grados), la crema resultante era amarillenta y compacta. En resumen, la leche desnatada contenía menos materia grasa cuando la operación se verificaba en frío. El método de enfriamiento consistía en enfriar la leche inmediatamente después de ordeñarla mediante la utilización de agua corriente a la temperatura de 9 a 12 grados, basándose en el principio de que la subida de la crema era más rápida en el intervalo de temperaturas indicado, economizando tiempo, locales, instrumentos y trabajo.

Obtenida la crema, se procedía a separarla del líquido, y después de prepararla, era transformada en manteca. El primer paso tenía por objeto determinar la aglomeración de líquidos mantecosos por medio de una agitación enérgica de la crema en un recipiente que se llamaba batidora. Posteriormente tenía lugar el desleche, operación que consistía en separar de la manteca los líquidos lechosos que unidos a ella la perjudicarían enranciándola. En la batidora «normanda», la más conocida de las mantequeras giratorias, se extraía con facilidad el suero e inmediatamente se le reemplazaba con agua fría, que se agitaba unos minutos, después se la renovaba, y la manteca quedaba purificada. Otra batidora giratoria similar era la batidora «Victoria».

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Instrumento para mazar la leche y formar la manteca. La mantequera de la fotografía, mantequera giratoria conocida como mantequera «Victoria», consistía en un barril con puerta grande sujeta con un pasador, el cual llevaba un eje transversal que, saliendo al exterior, penetraba por sus extremos en los orificios de dos soportes; interiormente llevaba dicho eje una serie de paletas que al girar realizaban el batido de la nata. El movimiento se imprimía con facilidad y rapidez por medio de una manivela que se unía al extremo del eje. Geras.

A mediados del siglo XIX había en la Pola de Gordón varias concesiones mineras, si bien la explotación a gran escala no se inicia hasta finales del mismo siglo. Por el año 1885 se veían afloramientos donde las capas alcanzaban hasta 10 metros de espesor en los términos de Llombera, Santa Lucía y Ciñera, en las minas Competidora, Candelaria y Pastora. Pero las minas en que mayor extensión habían alcanzado los trabajos, habían sido las llamadas Emilia, Ramona, Bernesga número 3 y Anita, por su mayor proximidad (unos 3 kilómetros) al ferrocarril por medio de un tranvía las últimas. Las minas Bernesga número 3 y Emilia se unían por el lado menor de su demarcación. Todas ellas eran de hulla y de un espesor que alcanzaba hasta 8 y 10 metros en muchos puntos de sus trabajos interiores.

Las cuencas mineras del Bernesga eran uno de los referentes, según los estudios realizados, de reservas de hulla, aunque buena parte no estaban explotadas. La ausencia de un sistema ferroviario adecuado hace que el salto cualitativo tenga que esperar hasta que se ponga en marcha el proyecto de del ingeniero Mariano Zuaznavar de construir el ferrocarril de vía métrica entre La Robla y Valmaseda –la línea de vía estrecha de mayor longitud en España es inaugurada el 11 de agosto de 1894–. El tren hullero abre la puerta al desarrollo de la cuenca minera de Ciñera que empujaría a inversiones significativas para la época. Las nuevas concesiones mineras implican la incorporación de nuevos socios que darán forma a un proyecto ya centenario. La Hullera Vasco Leonesa nace en la notaría de Fidel González de Bilbao el 19 de octubre de 1893 con un capital social de 1.375.000 pesetas dividido en 2.750 acciones repartidas entre más de una decena de accionistas. Del capital, 1.850 acciones corresponden, por un lado, a los dueños de las concesiones Candelaria, Pastora, Competidora, Olvido, Sorpresa, Abandonada, Zarpa I, Zarpa II, Demasía a la Sorpresa, Demasía a la Zarpa I –1.075 títulos–, y, por otro, a José de Amézola y Compañía –775 acciones–.

Tras unos primeros años del siglo XX llenos de calamidades y problemas, debido principalmente a la presión en el mercado ejercida por los carbones ingleses, y la ventaja del carbón asturiano sobre el leonés, por su mejor preparación, en la segunda década del siglo XX se produjo una expansión de la empresa, favorecida por el descenso en la producción de las minas inglesas y la política proteccionista impulsada por el gobierno durante la Primera Guerra Mundial. En los años veinte se produce una contracción del mercado por la importación del carbón inglés con precios bajísimos, que provocaron la baja de ventas del carbón autóctono, obligando a la Sociedad Hullera Vasco Leonesa a tomar la decisión de disminuir los jornales, dando lugar a huelgas, que duraron más de tres meses, y que no permitieron ni los trabajos de conservación más necesarios. La situación mejoraría al final de la década al producirse una depreciación de la peseta con relación de la libra esterlina. Nuevas dificultades surgieron en los años treinta, agravadas por el aumento de los costos de producción y el siempre latente problema social que establecía unas relaciones hostiles entre los intereses de patronos y obreros, que ocasionaron huelgas frecuentes, hasta que en el año 1933 se promulgaron leyes sociales que repercutieron en mejoras para el personal obrero; y que empeoraron durante el conflicto bélico de la Guerra Civil Española al producirse graves desperfectos en las infraestructuras de la sociedad que paralizaron el grupo durante meses. Apenas cuatro años después de la conclusión de la Guerra Civil Española se produjo la compra de la sociedad por la empresa Sociedad Regular Colectiva Valle y Díez, trasladando la sede empresarial de Bilbao a León.

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Fue en noviembre de 1930, siendo presidente de Hullera Vasco-Leonesa Francisco de Ibarra, cuando se inauguró el Pozo Ibarra. El castillete consistía en una estructura metálica de 31,5 metros de altura y 60 toneladas de peso. Los problemas de inundaciones en el pozo fueron constantes a lo largo del tiempo y la más grave fue la que tuvo lugar en 1996. En la madrugada del sábado 20 de enero al domingo 21 de enero se produjo una grave inundación que paralizó el grupo durante 4 meses. Hasta el 16 de abril, el pozo no pudo reiniciar la producción. El 20 de diciembre de ese mismo año se cierra el Grupo Ciñera: sobre las 10 de la mañana, se echan 12 metros cúbicos de hormigón en el brocal del pozo. En una chapa anclada en el mismo se lee:

«¡Gracias por tu fruto!
Recordando los que se quedaron para siempre contigo»

Del patrimonio inmueble, puesto de manifiesto en la arquitectura, las ermitas tienen un particular protagonismo en el Concejo de Gordón. Son las construcciones más próximas al verdadero sentir religioso del pueblo, casi siempre asociadas a una romería, con la excepción de la capilla de San Antonio o de Jesús, José y María, en La Pola de Gordón, fundada en el año 1758 y vinculada a una Obra Pía que sufragaba los estudios de Latín y Humanidades en la preceptoría que luego se convirtió en el Colegio de San Antonio. De las restantes, que permanecen velando la devoción, destacamos la Ermita de Nuestra Señora del Valle, en Buiza, originaria del siglo XVI; la Ermita de los Santos Mártires, situada a las afueras de El Millar y construida en la segunda mitad del siglo XVIII; la Ermita del Santo Cristo de los Desamparados de Geras, ya existente en el primer tercio del siglo XVIII y restaurada en 1970; la Ermita de San Lorenzo de la Gotera, entre las localidades de La Vid y Villasimpliz; la Ermita del Santo Cristo del Amparo o de los Remedios, en Llombera, edificada en el siglo XV; y la Ermita de San Roque, en el Barrio de Abajo de Los Barrios de Gordón, considerada del siglo XIV, aunque en el exterior figura la fecha de 1718. Pero de todas ellas, por la importancia de su obra y por la romería, sobresale el santuario de Nuestra Señora de Buen Suceso, en las proximidades de Huergas de Gordón.

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Ermita o capilla de San Roque en la localidad de Los Barrios de Gordón.

Algunos de los múltiples viajeros que han cruzado este concejo han descrito en sus libros de viajes algunas de las peculiaridades que en él han observado. Juan Dantín se sorprendió en el año 1935 al encontrarse un artilugio de transporte llamado «forcao». Aún se aprecian los desgastes que sus «calzaduras» ocasionaron en su paso reiterado por los múltiples caminos empedrados que suben y bajan de los valles. El «forcao», que bien pudiera ser símbolo de Gordón, es la forma de llamar a la conocida «narria». Se trata de un medio de transporte tradicional arcaico consistente en una especie de trineo formado por unas «calzauras» de madera de haya con las que se realizaba el deslizamiento sobre la tierra. Entre ellas se disponían unas tablas o «chinuelos» donde a su vez se encajaban a ambos lados cinco palos verticales que sujetaban la carga de hierba o de leña. Se aparejaba al yugo de las reses vacunas con la vara o «tiraero», unido al «arganiecho», palo grueso de sección circular y con giro, situado en la parte delantera del «forcao». También los hubo para caballerías, pero en este caso eran más anchos y con cuatro palos.

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Forcao.